Un colectivo teatral diseccionó para el
Festival de las Artes de Weimar la obra de Hitler. El debate sobre el libro se
vuelve a abrir: el veto a su publicación expira a final de año.
El colectivo de teatro
«Rimini Protokoll» pretende diseccionar una herencia de los primeros días
del nazismo: el libro «Mein Kampf» (Mi lucha) de Adolf Hitler, cuya
circulación en Alemania está vetada desde el término de la guerra. El estreno
es en Weimar, el 3 de septiembre.
Muy pocos alemanes han leído una sola línea de
trabajo de Hitler. ¿Su discurso de odio sigue constituyendo una amenaza? Sobre
esto hay opiniones encontradas. Los estudiosos todavía destacan su indudable
interés histórico. En 2014 la Justicia denegó una reimpresión destinada a la
investigación. El Estado de Baviera tiene la propiedad intelectual de la
diatriba de Hitler, aunque vence el 31 de diciembre de 2015. Entonces el libro
será publicado en Alemania tras más de 70 años, en una edición comentada y
anotada a cargo del Instituto de Historia Contemporánea (IfZ).
Conforme se acerca la fecha, crecen las dudas
en Baviera. Su presidente, Horst Seehofer, tan pronto promete al IfZ respaldo y
financiación para la edición crítica, como cambia de opinión y da la espalda al
proyecto. No puede, dijo en 2013, solicitar al Constitucional que prohíba al
neonazi NPD y, seguidamente, estampar el sello oficial para la difusión de
«Mein Kampf».
Traducido a muchos idiomas
En el extranjero no ha habido nunca tales
nunca preocupaciones. Se pueden comprar ejemplares en casi todos los idiomas.
En muchos casos, originales firmados por el propio Hitler. En Israel se
encuentra «Mein Kampf» en las librerías tanto en alemán como en
hebreo. La edición turca lo anuncia como «un clásico de la literatura
universal antimarxista» y conquistó en 2005, tras haber estado prohibido,
el cuarto puesto en la lista de bestsellers.
Al contenido no se le puede achacar tanta
demanda. El primer volumen es una autobiografía de Hitler cargada de patetismo.
Una «verborrea tediosa e indigesta», atestigua The Daily Telegraph en
una revisión contemporánea del escrito de Hitler. El historiador
Sven Felix Kellerhoff lo calificó en Deutschlandradio como «horrible,
completamente horrible… un conglomerado de frases pésimas o gramaticalmente mal
construidas». Sin embargo, opina, debe leerse para saber de qué habla. Y
criticó las décadas de cuasi prohibición de la obra.
De forma similar piensa el estudioso de los
medios Horst Pöttker: «Es absurdo que se haya impedido que el libro sea
leído en Alemania precisamente alegando los derechos de autor. De ahí casi se
puede entrever la tesis de que los alemanes son más propensos a la seducción
que otras naciones». Pöttker intentó, con el proyecto
«Zeitungszeugen» que co-editaba, una reedición comentada de pasajes
seleccionados de «Mein Kampf», prohibida por el gobierno bávaro.
La prohibición sigue vigente hoy
Las autoridades pueden prohibir su
reimpresión, pero el libro está disponible en mercados de segunda mano, de
antigüedades y en internet. Quien quiera leerlo, lo puede hacer. Pero el
público general apenas se interesa por él. En clase de historia se leen y
discuten algunos pasajes. A veces incluso en la de religión.
Que el copyright expire a finales de 2015, a
los 70 años de la muerte del autor, es el procedimiento normal en la ley.
Pöttker podrá entonces publicar el texto libremente: «No veo por qué
privar a los alemanes de esa lectura. El presidente federal Theodor Heuss ya
dijo a principios de la década de 1950 que el libro debía publicarse para que
los alemanes supieran cómo pensaban los nazis».
El texto original como fuente científica
Hitler escribió el manuscrito durante su
encarcelamiento tras el fallido golpe de Estado de 1923 en Múnich. Pero la
diatriba antisemita, que acabaría vendiendo millones de ejemplares durante el
Tercer Reich, no se publicó hasta dos o tres años después. La influencia que
tuvo este tratado resulta difícil de entender incluso hoy, opina el historiador
Christian Hartmann, del Instituto de Historia Contemporánea de Múnich.
«Estoy profundamente avergonzado de que nosotros, los alemanes, hayamos
podido dejarnos engañar con algo tan mezquino».
Él será el encargado, junto a un equipo de
colegas, a partir de 2016, de la edición crítica y académica de la obra por el
Instituto de Historia Contemporánea de Múnich. Dos meticulosos volúmenes de un
total de 2.000 páginas, 3.500 notas al pie y 5.000 comentarios académicos. El
texto original de Hitler ocupa sólo 780 páginas. Durante años, Hartmann estudió
intensamente el legado periodístico de Hitler. El libro es una fuente historiográfica
importante para entender la cosmovisión de Hitler y los cimientos de la
posterior dictadura nazi. Sin embargo, está escrito en un estilo tabernario
que, como decía en una entrevista con el diario Süddeutsche Zeitung, no
convencería a «nadie que lo leyera hoy» a «hacerse nazi».
Lectura con chaleco antibalas
El escritor y artista de cabaret turco
Serdar Somuncu, que vive y trabaja en Alemania, hizo lecturas escenificadas en
escuelas y cabarets de los textos de Hitler. Una presentación pública está
permitida en Alemania sólo con fines educativos. Él ha hecho más de mil
lecturas escolares, en las que viste chaleco antibalas. La forma en la que
presenta al libro, como obra de un loco que mezcla su antisemitismo en frases
inconexas, le ha valido amenazas de muerte y de bomba.
De su lectura comentada hay incluso un
audiolibro. Él aboga por mostrar la diatriba de Hitler, que durante el Tercer
Reich fue impresa en formato de biblia clásica, sin tratar de contrarrestarla,
prohibirla o luchar contra ella. «Cualquier joven puede descargársela en
Internet o comprarla en cualquier idioma. ¿Por qué no afrontarlo en Alemania
con serenidad? Yo confío en los jóvenes».
A partir del año que viene se podrá imprimir
en Alemania. Se podrá tener el libro, buscarlo en bibliotecas y estudiarlo,
pero no hacer lecturas públicas. El historiador Georg Maser de algo está
convencido: «Contra un resurgimiento del espíritu de Hitler no hay mejor
antídoto que Mein Kampf».
La difícil relación de los alemanes con «Mi lucha»
01/Sep/2015
Deutsche Welle